Ayer llegó a Iquitos la selección peruana de fútbol para el partido amistoso que jugará mañana con Costa Rica. Como me lo esperaba, me mandaron a cubrir la oh! grandiosa llegada y por lógica las también “grandiosas” declaraciones.
Como esto ya lo he hecho antes, me imaginé que la tareita no iba ser nada fácil, pues estos muchachitos,-y otros no tanto-, saben que cuando juegan fuera de Lima, la gente que se toma la molestia de ir a recibirlos, obviamente porque son sus “ídolos”, los endiosan y los tratan como seres del olimpo, por lo que hacerle hablar a una piedra iba hacer más fácil que hacerles hablar a ellos.
Y no me equivoqué, a las 6:30 p.m. ellos estaban llegando a Iquitos, y ni bien abrieron la puerta de desembarque, los fulanitos muy apresurados subieron al bus que los llevaría al hotel, a las justas si se limitaron a saludar – y solo algunos- y a seguir la marcha con una postura como si caminaran por la alfombra roja rumbo a la entrega del oscar, o como si por lo menos hicieran goles. Menos mal mi comisión era simple: saca fotos y si hablan chévere.
A pesar de ello, tuve que cubrir todo el desfile de los buenos chicos del chemo, hasta que apareció el más alucinado, el niño Manco, que se quiere ir a Europa aunque sea nadando y después otros y otros más. Casi entre los últimos salió la figura que descompondría la fastidiante noche, -por lo menos la mía-. Ahí estaba, con sus ojitos azules que brillaban aunque era de noche, con una sonrisa como si fuera el modelo de pasta dental –pero le queda sin duda-, saludando a todos, posando para todos, ahí estaba George Forsyth, que se confundió de camino y quería subir al bus que le correspondía a Costa Rica, que alguien le avisó que ahí no era, que se rió de la equivocación, que no dejaba de levantar la mano a la gente, que ya tenía que subir a su ómnibus, que todos ya estaban listos, que ya se iba y nos dejaba, -y me incluyo muy bien-.
Con esa sensación, semi anestesiada, regresé al trabajo a dar el reporte de la oh! grandiosa llegada, –ya lo era- y a recoger mi cuaderno para ir a la Universidad.
Hoy hay una conferencia al mediodía, donde lógicamente iré y con más gusto. También espero estar en el partido, aunque tenga que salir a media clase de la universidad para eso, -ojala me dejen-, donde espero tomarle fotos y muchas, donde me gustaría felicitarlo y decirle que tapa bien –aunque no siempre lo haga-, y sonreírle, así como él lo hace, hasta que se vaya de Iquitos.

