En estos días a pesar que mi horario de trabajo y de la universidad estuvieron más apretados que de costumbre – y sigue-, me he dado “tiempos” para explotar mi faceta de psicóloga personal y consejera sentimental. Esto gracias a dos amigos míos y uno que no lo es tanto que requirieron mis “servicios” de psicoanalista y un par de consejos por ahí que les pueda servir. De antemano me siento bien por la confianza brindada,-aunque tuve y tengo que escuchar cada cosa-. Pero hay uno en particular que ya hasta me está haciendo perder la paciencia, a pesar de ello seguimos en “terapia”.
No estoy autorizada para contar historias ajenas, -nadie lo esta-, pero creo ciertas cosillas es bueno compartir. El tercer chico que no es tan amigo mío, empezó la semana pasada con un: estoy triste, no se que hacer…frases que me dijo en más de una ocasión y claro, entendí el mensaje… el chico quería que lo escuchen.
Me dijo que acababa de terminar con su enamorada después de casi tres años, que ella le había pedido “un tiempo”, je! vaya frasecita no?, uno que cree que todo va bien y por una discusión cualquiera escuchas “un tiempo”, ya suena como que, te adelanto la carta de información de nuestra definitiva separación, una especie de anestesia para que cuando llegue el día D, no duela tanto, aunque igual duele.
Bueno retomando el asusto de mi amigo, esas palabritas “un tiempo” para él fue, un tiempo de muerte, su desesperación era obvia, tenían tres días de separados y para él era como tres décadas sin la musa inspiradora que le pidió “el tiempo”. Mientras más le hablaba, más se iba soltando hasta que llegamos al tema del motivo de la pelea. Verdaderamente la ya no enamorada tenía razón para mandarlo a rodar, él se había equivocado, y en esos momentos sentía las consecuencias. Pero el punto, para él, ya no era la pelea, era que ya se había dado cuenta de su error y a toda costa quería que la chica lo perdone. Se mostraba verdaderamente mal -hasta ahora-, lloró, sufrió, y claro todo delante mío.
Caí en cuenta de su desesperación, cuando me dijo que había ido a una pitonisa para que le lea las cartas y le de “solución” a sus penas de amor. Me contó lo que esta mujer le había dicho y recomendado, ahí le puse un pare- ya que no creo en eso- y le dije que estaba gastando dinero por las puras. Que sin saber leer nada de esas cosas, solo con verlo podía saber cual es el lío del porque su ex le pedía el tiempo. Le dije que no se fíe en eso, que son tonterías y que si quería volver con su chica, como mujer, le recomendaba que hiciera tales y cuales cosas. Pero no me hizo caso, y al siguiente día volvió a visitar a la “lectora del futuro”. Ese mismo día me pidió que le acompañe a comprar una vela roja, que la pitonisa le dijo que compre y la prenda antes de las 6:00 de la mañana siguiente y que le rece a quien sabe quien, pidiéndole que la damisela vuelva a su lado. De curiosa fui con él hasta un lugar muy conocido donde venden ese tipo de cosas para “atraer a ser amado”. Cuando estábamos frente de las velas, de varios colores tamaño y formas, empezó a fijarse entre las rojas cual sería la adecuada para la plegaria de amor. Eligió una larguita y flaquita. Revisando entre las demás velas me fijé de otra roja tres veces más grande por todos los lados que la elegida, le dije en son de broma: llévate esta, con esta si la haces, de seguro es más efectiva. Me miró con una cara como descubriendo la broma y sólo atine a sonreír y alegar: No verdad!!.
Después de eso cada quien continuó en lo suyo. Al siguiente día me comentó como quedó el asunto de la vela, “que había llorado por todas partes”, y eso según la pitonisa no era bueno. Le dije que era obvio porque era una vela, – ¿que quería, que se queme con estilo y gotee la cera por una sola dirección? que loco-. Le insistí en que ya no haga caso en esas cosas, pero el muchacho seguía terco y más desesperado también. No se cuantas veces más fue, no se cuantas veces más irá, porque su ex –que parece que así quedará- aún no lo perdona. Ella insiste con el tiempo y hasta donde sé, le pidió un par de semanas más para “reflexionar”. En lo posible trato de aconsejarlo, porque la forma como está actuando no es nada correcta. Tan hostigante, tan autosuficiente, tan víctima, tan sufrido, tan sin sentido. Y lo que menos nos gusta a las mujeres – y creo que a los hombres también-, es ver a alguien que se supone que debemos admirar. -porque para mi el amor debe nacer desde ahí-, tan limitado y cerrado para enfrentarse a algo.
Pero tampoco sería justo echarle toda la culpa a mi “paciente”, la jovencita también tienes sus cosillas que deja mucho que desear y bastante que cuestionar. Creo que si alguien no quiera ya compartir su tiempo y cariño con otra persona lo mejor sería un hasta aquí nomás, gracias por las “utilidades ganadas” y no pedir “tiempos”, que a pesar que pueda que sirvan de algo, dependiendo de contexto y justificación, solo sean utilizados para dar y quitar cuerda a la persona que espera LA respuesta definitiva.
