Dos o tres veces al mes visito el cajero del banco. Me gusta el cajero porque evito largas colas, como mi trabajo tiene afiliación o (algo así) no me cobran comisiones por transacción así que lo uso sin problemas, además porque puedo retirar plata un sábado a las 11:00 p.m. cuando no tengo ni un quinto y se me antoja salir por ahí.
Porque es practico, cómodo (siempre y cuando no se me atore la tarjeta o no haya fondos) etc. etc., me quedo con el cajero.
En esas tantas visita, me ha tocado pasar ciertas cosas, total! la vida te da sorpresas, sorpresas te la vida….
Recuerdo una vez que llegué al medio día mas o menos, metí la tarjetita, empujé la repesada puerta (para mi), y adentro. En la cola había un señor retirando dinero, otro que le seguía y un hommmbre guapo. Éste sacaba unos libros de un maletín por lo que al parecer se distrajo y no estaba formadito. Yo me acerqué siempre manteniendo la distancia porque imaginé que iba hacer su retiro. Cuando me vio sonrió y yo (por amabilidad claro está) también lo hice.
Minutos después de mi ingreso lo hizo otro señor y al ver la cola media desordenada preguntó: ¿Cómo va la fila?. Me disponía a responder cuando el guapo se me adelanta y dice: sigue el señor, luego la señorita y luego yo. Yo sonreí y le respondí: Pero usted llegó antes que yo. No, no importa me dijo, y también sonrió.
En ese momento creí que cupido había hecho magia, que era una escena de una película romántica, ect, etc. Me disponía a coger un mechón de mi cabello en tratamiento y empezar a hacerle señitas, cuando mis ojos se dirigieron al bolsillo de su camisa y vi una insignia que decía: Jesucristo.
Oh my good! dije yo. O sea no tengo broncas con la religiosidad ni nada, pero fácil era un pastor o un mormón o un cura o yo que sé. Así que mejor me porté como niña buena, retiré mi plata y chau.
Otro día yo ya adentro, ingresó un señor, al parecer algo sulfurado, porque una vez adentro, y sin impórtale la gente, metió su mano a su partes intimas, se acomodó su ropa interior –espero que haya sido eso- vio su reloj y todo tranquilo. ¿Hace calor no? me dijo, si claro!!! respondí.
Bueno cosas que pasan. Ayer nuevamente fue al cajero. Cuando llegué –y como nunca-, había ufff de gente. Era dos colas y no adentro del cajero sino afuera. Estaba con el tiempo al tope y me dirigía a la Universidad que esta lejos del centro de la ciudad así que ni modo, tenga que retirar sí o sí. Decentemente hice mi colita, espere, espere y espere. Y ya estaba adentro del cajero.
Ahí noté que para variar, el sistema estaba lento y por cada tecla que presionabas, se demora unos minutos. Ni modo…. seguir esperando. Ya faltaba una persona para que llegué mi turno y aparece un joven y me dice: amiga por favor! tengo que sacar plata para comprar medicinas porque tengo que ir al hospital, cédeme tu sitio!. – oh no!, pensé, yo también estoy apurada, puedo llegar tarde. Pero alguien esta enfermo y el quinto círculo que describe Dante Alighieri y que me tocaría si le niego el paso, es bien feo y yo no quiero. Si claro le respondí. La señora que me seguía dice: bueno a nosotras nos puede engañar, a dios no!. me sentí mal, me sentí tonta, víctima de estafa, pero no importa, el chico ya estaba haciendo su transacción y me mentalizaba que era una causa justa.
Luego de esperar unos minutos (varios), vi que sacaba solo el ticket de información, no retiró dinero, parece que no tenía fondos, puso cara de preocupación, exclamo: pucha!, negó con la cabeza, me agració y se fue. Ok me engañó, pero esta vez no me sentí mal. Solo pensé que ojala no se enferme nadie que él quiera, porque las palabras son profecías que se cumplen, porque todo da vueltas en la vida y porque a pesar de todo quedé con mi conciencia tranquila.