Fin de ciclo
Constantemente estoy cerrando ciclos, y cuando los hago muchas veces me quedo con la sensación de no haber hecho todas las cosas que tenía que hacer y a veces que nunca hice determinadas cosas. Ahora en pleno cierre de uno, donde implica fundamentalmente dejar atrás una historieta, siento que no terminé de hacer todo lo que quería hacer.
Principalmente decir cosas, o mejor dicho decirle a alguien algunas cosas. Hubiera sido importante para mi tener la valentía de preguntarle ciertas cosas a ese alguien y a la vez tener la oportunidad de escuchar lo que tenía que decir. ¿Qué me frenó?, pues que una vez leí en algún sitio que cuando alguien no tiene interés de escucharte, por más que asegures que es “lo último que quieras decir”, pues no vale la pena hacerlo, porque simplemente no lo tendrá en cuenta, no le será importante. Mejor guarda tu discurso (por más trillado, melodramático, sensato o sincero que sea) en una caja con seguro, y amén de la historia.
Decía que cerraba un ciclo –que aunque no tengo la certeza de que sea definitivo, por lo menos intenta serlo-. A diferencia de meses anteriores, –muchos por cierto-, estaba vez la melancolía ni el rencor me acompañan, eso creo que es la mejor señal de que mi “proyecto personal” tendrá un buen resultado.
Esta vez –a diferencia de anteriores oportunidades-, no hay llanto, no hay depresión, no hay rencor, no hay juramentos en vano, no hay gritos, no hay falta de cortesía, no hay muchas cosas, hay otras si, ¿nostalgia?, un poco; ¿ansiada? de vez en cuando, ¿recuerdos?, muchos, pero todos esos también están ingresando de a pocos a la “bandeja de reciclaje”. Quiero una carpeta de vida limpia, nueva, con mucho espacio para el año entrante, es mi principal propósito y estoy trabajando con entusiasmo. Que si necesito de acciones drásticas, pues adelante. Eliminar correos, retirarse de proyectos interesantes, alejarse de algunas personas –aunque sean muy amigas-, prescindir de algunas cosas, quizá no darán el éxito de mi plan personal pero si colaborarán para lograrlo, tengo toda la seguridad que así será y por eso –contradiciendo mi a veces desquebrajante fuerza de voluntad- estoy acotando esas acciones radicales.
Combatir contra los recuerdos, “los momentos” como lo escribieron alguna vez, es quizá mi tarea más titánica. Yo tenía el presentimiento que esto iba a llegar y sin embargo hace muy poco contribuí en el abastecimiento de la galería de “momentos kodak”. No se de nadie que se preste para decorar su mortaja, sin embargo, y aunque suene masoquista yo lo disfrute haciéndolo, me esmeré y le puse cariño, sobre todo mucho cariño. Y eso no lo reclamo, eso lo agradezco. Me permitieron ingresar a una vida ajena –que nació en otro tiempo, en otro lugar, y no existe lazos de sangre- me parece genial. ¿Cómo no agradecer?, ¿Cómo no decir que saque algo bueno?, ¿Qué tuve ratos que me hicieron feliz?.
No todo fue bueno, es cierto, pero de lo que yo creía que era malo me sirvió para aprender, para mejorar y armar el bosquejo de lo que ahora quiero. Se que algún día me ganará la melancolía, y necesitaré no estar tan lejos, toda terapia nunca es radical, pero hasta que ese día llegue reforzare mis defensas emocionales y sabré que los nervios que ahora me causa su presencia ya no estarán más.
A pesar de todo estoy feliz, y no es que sienta que me esté sacando un peso de encima, pero estoy tranquila. De un tiempo acá, podía notar que mis muestras de cariño estaban sintiéndose como hostigamiento, y eso no es justo para nadie. Se que no se que voy hacer con mi vasto pero –cada día- evaporante afecto, que nadie más lo puede recibir por que solo calza a determinada persona, pero también se que tengo todas las ganas, y que además puedo fabricar nuevo y mucho más afecto para quien tenga la voluntad y la valentía de permitirme inmiscuirme en su vida. A esa persona que aún no llega, a esta persona que se va, y aunque ninguna de las dos nunca lean esto, con el afecto inmensurable de siempre.
Diciembre 21, 2008 a 3:08 pm
ahora tendras una rueda de buitres volando alrededor tuyo